Emprendedorismo

De empresas de alimentos a empresas de tecnología, de mueblerías a empresas de ingeniería química, ¿qué es lo que tienen en común? Simple: han sido creadas para satisfacer las necesidades de alguien. Y, claro, también puede ocurrir que esa necesidad no exista naturalmente (el caso de la Coca-Cola – un jarabe gasificado que se transformó en símbolo de felicidad), pero el cliente está allí, deseando ser sorprendido.

Y, debido a esa necesidad de satisfacer un deseo, surgió el trueque:  tengo algo que satisface tu necesidad y la cambio por algo que satisface mi necesidad. Eso era lo que ocurría, obviamente, antes de la existencia del dinero, tal como lo conocemos hoy.  Con el pasar del tiempo y con el desarrollo de las sociedades, algunos bienes específicos pasaron de ser vistos como “monedas de cambio”. Ganado, azúcar, piedras y metales preciosos eran los más comunes, y podemos imaginarnos la razón por la cual solamente los metales preciosos pasaron a valer tanto. Eso llevó a la evolución del trueque directo (mercadería por mercadería) hacia el trueque indirecto (utilizando una mercadería intermediaria de trueque) y al nacimiento de las monedas.

Hoy, la persona recibe un salario a cambio de la utilización de su fuerza e intelecto a favor de la empresa y con el dinero de ese salario adquiere los bienes producidos por las empresas. Aquí es donde entra su compañía.

 LA COMPAÑÍA

Para aprovechar las necesidades de consumo existentes en toda sociedad, las empresas invierten tiempo y dinero en la producción de esos ítems. Es una cadena que se retroalimenta: la panadería está siempre horneando panecillos nuevos porque todos desean tener panes calentitos en su mesa; Apple produce iPhones nuevos constantemente porque siempre alguien desea cambiar su celular; Sony sigue desarrollando su PlayStation porque siempre alguien desea jugar un partido con sus amigos.

Todos esos productos y los demás que no hemos mencionado aquí necesitan, por lo menos, tres recursos:

  1. recursos naturales: las materias-primas, que se encuentran en la naturaleza o que la industria produce; recursos de capital: máquinas, tecnologías y conectividad, herramientas, instalaciones y financiación: y
  2. recursos de trabajo: la mano de obra capaz de operar los recursos de capital para transformar en productos los recursos naturales.

La suma de esos tres recursos es lo que traduce el trabajo de una empresa. Así como tu compañía, las empresas de tu país y de todo el mundo reúnen los recursos naturales, de capital y de trabajo en un mismo ambiente, con el objetivo de transformarlos en bienes de consumo que personas como tú, tus padres, familia y amigos desean y necesitan.

¡Ah! Entonces ¿Eso es lo que has venido a hacer?  ¿Has venido a montar una empresa que reúna estos tres recursos y alimente el mercado con productos que las personas desean comprar? ¿Es eso? ¡Excelente! Entonces, pensamos que es importante que sepas que, así como las empresas “de verdad” (las comillas son porque la tuya también lo es), tu compañía necesitará pagar impuestos al Gobierno. Esa figura (Gobierno) está compuesta a por los gobiernos municipal, provincial y federal, y recaudación de impuestos para invertir en el bienestar de la comunidad en general. Además, tu compañía tendrá una división entre Dirección y empleados, con funciones muy bien definidas dentro del proceso.

Todo este trabajo para satisfacer las necesidades de las personas genera una ganancia (¡qué bueno!) y con ella podrás mantener tu compañía viva y seguir produciendo soluciones para la vida de las personas. Con tu ganancia bruta pagarás todas las cuentas: alquiler de la Escuela y de equipamientos, salarios y comisión de tus empleados, además de materias primas e impuestos. Lo que sobra es tu ganancia líquida, dinero que se presentará al final del Programa.

En líneas generales, así funciona la economía de mercado y, por lo tanto, así funciona tu empresa.

Con la intención de hacerlo un sistema más justo, se han implantado algunos principios generales denominados valores sociales de la libre iniciativa.

La libre iniciativa:

  • busca la igualdad, para que todos los individuos tengan las mismas oportunidades y puntos de partida en el ámbito económico y social;
  • busca la libre competencia, para que la búsqueda de igualdad, en el sentido de igualdad de puntos de partida y de participación de los individuos en la vida económica y social, sea justa;
  • promueve la libre competencia, para impedir abuso del poder económico;
  • protege a los consumidores;
  • protege al medio ambiente y preserva el planeta; y
  • se desarrolla de forma sostenible, satisfaciendo las necesidades de la generación actual, pero asegurando recursos para las futuras.

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